jueves, 7 de junio de 2007

De teólogo de la liberación a poeta: un llamado para que la Iglesia pase de la ética a la estética, de la praxis a la belleza (1993)

Church & Society, mayo-junio 1993, 83, pp. 20-24.
Versión de L. Cervantes-Ortiz

No estoy seguro de haber hecho lo correcto al venir a esta conferencia. Muchas veces pensé acerca de la invitación y creí que tal vez no debería venir. ¿Saben por qué? Porque tengo la impresión de que fui invitado por error. Temía mucho estropear la reunión. Sentía que el Rubem Alves que invitaron había muerto hace por lo menos veinte años.
El Rubem Alves de la teología de la liberación, aquel que hablaba acerca de la acción, había cambiado. Era diferente. Yo creo que Dios tiene extrañas maneras de actuar. Una de ellas es poniendo las cosas al revés. Decidí aceptar el riesgo de jugar el papel del bufón.
T. S. Eliot es un modelo para mí. Él hizo esta fantástica aseveración: "En esta tierra de fugitivos, aquellos que caminan en la dirección contraria pueden estar escapándose".
Durante algunos años he estado caminando en la dirección contraria, lo cual le da un sentido de exilio, de soledad. Pero no tengo otra elección. Tengo que ser honesto con lo que siento.
Ustedes recuerdan la película Sociedad de poetas muertos. En la primera lección, el profesor muestra una fotografía en la que todos están muertos. La lección tenía que ver con la breve fórmula latina carpe diem, "disfruta el día". Vive el día al máximo. Enfrentar la muerte con esa visión. Tu ojos comienzan a ver lo que es esencial.
Albert Camus era muy joven, con menos de treinta años, cuando dijo lo siguiente: "Si durante el día el vuelo de los pájaros parece no tener destino, cuando llega el crepúsculo uno podría decir que ellos encontraron de nuevo una dirección. Ellos vuelan hacia algo. Ellos ven de modo diferente".
Así son mis maneras de enfrentar la visión de Dios. No puedo hablar acerca de la visión de Dios porque no soy Dios. Sólo Dios puede hablar acerca de su visión. Yo sólo puedo hablar de mi visión acerca de ella. Porque no estoy hablando sobre Dios sino de mí mismo.
Esto tiene que ver con los ojos, con la manera en que yo veo. Es muy fácil dibujar una pintura de la visión de Dios. Si abrimos el libro de Isaías y pintamos lo que hay allí: el fin de las armas, la armonía entre los seres humanos y la naturaleza y todos jugando como niños. Es curioso. Parece que tomamos muy seriamente el negocio de librarnos de las armas, pero no hacemos lo mismo con el hecho de hacernos como niños y jugar. Aún usamos corbatas.
Pero es muy fácil. Cualquier exegeta lo puede hacer. El único problema está en que resulta totalmente inútil, nadie es convencido por eso. Sabemos que es inútil.
Me parece que nosotros en las iglesias aún nos movemos por una especie de pedagogía cartesiana. Descartes hablaba acerca de las ideas claras y definidas. El hablaba de la necesidad de tener la imagen clara. Si es así, entonces se sigue la conducta. Esto no es verdad. La visión no tiene que ver con los ojos. Un poeta portugués comentaba que no es suficiente tener ojos para ver. Y William Blake, un gran teólogo, decía: "El tonto no ve el mismo árbol que el sabio".
La visión es una cualidad interior. Es inútil desarrollar formas de análisis para tener un conocimiento preciso de la realidad. Eso no nos ayuda en el proceso para obtener la visión. Recuerden el mito de Edipo. Edipo era muy inteligente, era capaz de descifrar el enigma de la Esfinge. Pero había lago que era incapaz de descifrar: su propio enigma. Quien lo descifró fue Tiresias, el vidente, que era ciego. Para que uno vea con el alma tal vez sea necesario ver menos con los ojos. Esta es la visión de Dios del sueño.
Soñar es ver lo que no existe. Es vivir por el poder de lo que no existe. Estoy citando a Paul Valéry, el poeta francés, quien dijo: "¿Qué sería de nosotros sin la ayuda de lo que no existe?" Cuando alguien ve el sueño está poseído por él, por algo que no existe. Somos poseídos por nuestros sueños, y entonces algo sucede.
Ustedes sueñan juntos, caminan juntos, trabajan juntos, luchan juntos. Esto concuerda con lo que tal vez sea la creencia fundamental del psicoanálisis, que somos sueños encarnados. Cuando un psicoanalista quiere entender a una persona, nunca la toca. Tratamos de escuchar porque sabemos que el cuerpo de esa persona es la forma visible del sueño que hemos olvidado dentro de su cuerpo.
Esto también está de acuerdo con lo que dice en Juan 1 respecto a que el evangelio se hizo carne: la palabra se hizo carne, el poema se hizo carne. La palabra es el sueño de Dios. Podríamos decir que la totalidad de nuestra vida es un intento por transformar nuestros sueños en realidad.
Imaginemos lo que pasó con Miguel Ángel, por ejemplo. Un día, Miguel Ángel tuvo la visión de algo que no existía, la visión de la Pietá. Y cuando tuvo la visión fue poseído por esa idea. No podía dormir, ni comer, ni beber. Todo el tiempo deseaba encontrar la pieza de mármol en la cual estaba escondida la Pietá. Y comenzó a buscarla. Cuando la halló de verdad, la Pietá estaba dentro de esa pieza de mármol. Entonces la tomó y comenzó a trabajar hasta que la Pietá salió a la luz. Ese era su sueño. Se dio cuenta de que la obra de arte no era una obra de arte, sino algo más. Era la expresión de su propio cuerpo, de su sueño.
Si queremos movilizar a la gente, necesitamos descubrir sus sueños. San Agustín es uno de mis teólogos favoritos. Él llama la atención a que todas las cosas en la vida pueden dividirse en dos clases: las que son usadas, que pertenecen al orden de los utensilios, de la utilidad, y las que pertenecen al orden de la fruición. Fruición viene del latín fruitus, lo que se come, lo que da placer, lo que se goza. Las cosas útiles, los objetos que usamos -este micrófono, estos lentes, el bolígrafo, el coche, unas tijeras-, todos los objetos del orden de la utilidad, ellos realmente no nos dan felicidad, según Agustín. Son útiles pero no nos dan felicidad.
Pero los objetos del orden de la fruición dan felicidad y vivimos a causa de ellos. Por ejemplo, una sonata de Mozart: es totalmente inútil ¿no es verdad? ¿O hay algún uso para ella? No. Uno la escucha porque proporciona placer, pero no hay nada que hacer con ella. Es totalmente inútil.
La felicidad tiene que ver con las cosas que son totalmente inútiles. Agustín decía que somos movidos por una visión, por estas cosas que son totalmente inútiles -inútiles porque dan placer-. Este es el propósito de la vida.
La visión de Dios, el paraíso, es totalmente inútil. Un paraíso solamente es bello. Berdiaev, el existencialista ruso, decía que en el paraíso no hay ética, ni política, sino sólo estética, placer, belleza. Con esto estoy tratando de sugerir que los seres humanos son movidos por la belleza. Si queremos cambiar el mundo, necesitamos primero ser capaces de hacer que la gente sueñe con la belleza.
Esto ha sido totalmente olvidado por la iglesia. Somos bastante incapaces para tratar con la belleza. Somos calvinistas. Parece que nos obsesiona la idea de hacer cosas. Creo que esta tentación es especialmente fuerte entre aquellos que como ustedes están involucrados en las fronteras de la acción social. Si no hemos regresado a la justificación por las obras, entonces hemos por lo menos olvidado la justificación por la gracia. La belleza puede cambiar al mundo. Los pobres también desean lo bello. Recordemos la disputa de Jesús con Satán: Satán le dijo que debería ser una persona práctica, que debería volverse cocinero. Y Jesús dijo: "No, yo prefiero ser poeta".
Ustedes están involucrados con gente en todas las fronteras del sufrimiento. ¿Qué haremos con ella? Sí, podemos darles pan, ayuda. Podemos ofrecerles servicios legales. Podemos darles toda clase de cosas prácticas. Pero tales cosas son incapaces de provocar una transformación en estas personas, y esto es porque estamos después. Estamos después de la resurrección de los muertos. El problema no es sólo ayudar a la gente, es resucitar cuerpos muertos. Y los cuerpos muertos son resucitados por el poder de la belleza.
Así que quiero hacer una propuesta descabellada: que la iglesia tome la decisión de moverse de la ética a la estética, de la acción a la belleza. Porque sólo por el poder de la belleza es que pueden resucitar los muertos.
En mi propia experiencia: he sido capaz de enfrentar la tragedia sólo por el poder de la belleza. Nietzsche escribió un hermoso ensayo acerca del nacimiento de la tragedia entre los griegos. Estaba impresionado por el hecho de que los griegos, al contrario de los cristianos, tenían un extraño poder para enfrentar la tragedia. Los cristianos no podían. Es más, parece que la teología cristiana es una forma de garantizar que tendremos un final feliz. Los griegos no lo tenían. Y Nietzsche propuso esta pregunta: ¿Cómo fue que los griegos fueron capaces de enfrentar la tragedia sin consolaciones, sin ser destruidos por ella? Su respuesta fue que los griegos conquistaron la tragedia por el poder de la belleza.
Podrán preguntarme: ¿Qué significa esto para la política? Me parece que hay una política que surge del corazón ardiente. Cuando tienes algo ardiendo dentro de ti, eso ardiente se convierte en acción política. Y la acción política se hace amarga, porque no está basada en una visión de la belleza. Pero hay otro tipo de acción política que es como el caso de Miguel Ángel y la Pietá. No es por causa del corazón ardiente.
De algún modo mantenemos divisiones de sufrimiento, de tragedia, de horror, de destrucción, de muerte. Y, en efecto, pertenecen a la realidad. Pero estas visiones paralizan. No le dan a la gente el deseo de vivir. Yo propongo que comencemos a operar con la estética de lo bello. Paraíso, juego, gozo, placer. Si somos capaces de operar con esta clase de visión, seremos capaces de despertar dentro de las personas los sueños que yacen dormidos dentro de ellas. Y entonces resucitarán.
Recordemos la historia de la Bella Durmiente. Es como lo que vemos: la gente está dormida. La tarea de la iglesia es como la del príncipe que fue y la besó. Por el poder del beso la gente despierta a la vida y se revivifica de nuevo. Así es.

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